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Huellas de los guerrilleros, peajes y uniformes
Ya como turistas legales continuamos rumbo al sur en bicicleta.
La agitada aventura contrabandista que vivimos en el Tapón
de Darien nos había hecho por momentos olvidar que
la guerrilla también nos acechaba en esta zona de Colombia.
Los habitantes de la región, no acostumbrados a los
turistas, se desvivían en gentilezas. Éramos
bienvenidos aunque la carretera nos mostraba el otro lado
de la moneda; se apreciaban muchos autos que pocos días
antes habían quemado los grupos guerrilleros.
Todavía me cuesta entender quien es quien: policía,
ejército, paramilitares, guerrillas; demasiados uniformes
para un maravilloso país envuelto en un caos incomprensible.
De vez en cuando éramos detenidos para el pago de un
"peaje", mis papis mostraban su mas simpática
y amigable cara logrando convencer a los cobradores que nos
dejaran continuar. Mi corazón latía fuertemente
al sentir el peligro.
Un amigo camionero y un ciclista con mazamorras
Jorge, un gentil camionero nos llevo hasta Medellín,
2 días nos acompañamos en esa peligrosa ruta.
Nos invito a almorzar en restaurantes y nos pago una noche
en hotel. No queríamos abusar de su gentileza, pero
el insistió explicándonos lo poco aconsejable
que era acampar en esa zona.
De nuevo en las bicis, el Valle del Cauca fue nuestra ruta.
Cambiábamos nuestra ropa y parte de nuestro equipamiento
y de esta forma recaudar lo suficiente para comer. En esta
llana región no contamos con la deseada ayuda de transporte
y debimos pedalear cientos de Km. Nuestra suerte mejoro cerca
de Cali, cuando varios vehiculos nos llevaron en un momento
muy necesitado dado que el sur de Colombia es muy montañoso.
Nuestros estómagos soñaban con comida. En un
pequeño pueblo mi papi tuvo la ingeniosa y decidida
idea de preguntarle a un lugareño. -"Que lleva
en su bicicleta" - "mazamorra amigo ¿la a
probado?”Contestaba; "No!" replicamos - "pues
saquen un plato" - nos dijo. Mí mi papito saco
el plato mas grande que pudo encontrar, "el mío"
y el generoso señor auspicio nuestro gran y necesitado
almuerzo.
La "Chiva" misteriosa y los narcotraficantes
Con los estómagos satisfechos enfrentamos difíciles
cuestas; las bicis se quejaban a gritos. Durante un corto
descanso, conseguimos parar una "chiva" (bus abierto)
que curiosamente viajaba vacía. Mi papi ofreció
una chaqueta a cambio y el chofer y sus acompañantes
accedieron a llevarnos. Felices subimos nuestros 100 kilos
de carga y continuamos el viaje entablando una amena y entretenida
conversación. Nos extrañó que no subieran
mas pasajeros y que viajáramos a altas velocidades.
¿Que tipo de bus es este? mis padres se preguntaban.
En la ciudad de Pasto donde debíamos bajarnos según
lo pactado, ellos cambiaron de idea, (ya nos conocían
mejor y habían escuchado nuestra historia interesadamente
durante el trayecto) nos ofrecieron llevarnos a la frontera.
Un almuerzo al cual fuimos invitados fue interrumpido repetidamente
por misteriosas llamadas al teléfono celular de nuestro
conductor. Continuamos con la adrenalina a tope y sin saber
con certeza en que situación rara nos habíamos
involucrado otra vez.
A pocos Km. para la frontera con Ecuador, un policía
detenía a los vehículos para inspección.
Cuando el uniformado patrullero se descuido por un momento,
nuestro chofer ágilmente acelero y paso por la espalda
del descuidado representante de la ley, sin que nos viera.
Ahora no nos quedaban dudas, nuestros hospitalarios compañeros
de viaje son narcotraficantes. Con el corazón intentando
escaparse de nuestros cuerpos, quedábamos con una angustia
terrible al imaginarnos nuestro futuro en una cárcel
Colombiana. Aunque pensándolo bien, no creo que tengan
prisión para perros.
En el primer cruce de camino que encontramos, una repentina
parada nos indicaba que el viaje en este vehículo había
terminado. Con una breve pero cordial despedida por parte
del conductor- "aquí esta tu chaqueta la vas a
necesitar, que tengan suerte amigos" - nos bajábamos
de la "chiva" furtiva que raudamente se evaporo
por un camino de tierra en dirección a Ecuador.
Según pedaleábamos hacia la cercana frontera
oficial con la tensión arterial ya en su nivel normal,
pensábamos en este último incidente y sus repercusiones
en caso de haber sido detenidos, con la seguridad de que no
éramos "la única carga de esa particular
chiva".
Objetivo cumplido - Atravesar uno de los países mas
peligrosos del mundo sin dinero
Nuestra ultima noche en Colombia fue en Pedregal, al siguiente
día sellamos nuestros pasaportes e ingresamos a ecuador.
Y a nos sentíamos mas cerca de casa y nos dábamos
cuenta que la parte mas arriesgada hasta ahora, la habíamos
superado. Aquellos que nos avisaron del peligro de cruzar
Colombia durante nuestro viaje no se habían equivocado.
Contrabandistas, guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes
fueron nuestra interesante, peligrosa y hasta grata (en ciertos
casos) compañía.
Adiós Colombia, espero que un día te visitemos
sin el temor y la angustia que padecimos nosotros y constantemente
vive tu acogedora población.
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